Ribera del Duero 2009

Uno de los veranos más secos y calurosos que se recuerdan junto a un invierno riguroso con temperaturas extremas muy bajas y heladas frecuentes; esta es la carta de presentación de esta añada considerada por algunos enólogos de la zona como legendaria.

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Una uva para parar el tiempo y dejarse enamorar por sus virtudes.

Es en añadas como estas donde una denominación debe demostrar todo su potencial. Pero muchas bodegas, quizá cegadas por la excelencia que acompaña a un año tan agradecido para la viña, dejan de aportar ese granito de arena que hace que un vino pase de ser muy bueno a inolvidable.

Es por ello que muchas grandes Bodegas (que lo son por filosofía y no por producción o tamaño) sacan al mercado pequeñas obras de arte para el disfrute de unos pocos afortunados. Ese es el caso de “La Roca” de bodegas Montecastro y de “Señorío de Caleruega” creación de Bodegas y Viñedos de Linaje Garsea.

Por desgracia aún faltan muchos meses para que las 13.435 botellas del primero vean la luz. Mientras tanto, podemos disfrutar de “Señorío de Caleruega”, aunque tal vez no por mucho tiempo (sus 3.000 botellas no dan para mucho). Vinos para el recuerdo, fieles reflejos de la tierra que los vio nacer y de los que seguro tendremos más noticias.

Señorío de Caleruega 2009
100% Tempranillo
14 meses en barrica 45% Americana, 45% Francesa y 10% Húngara y Española

Sin tratar de ser un vino para todos los públicos, su intenso color picota de capa alta y cargado de reflejos violetas cardenalicios encierra un sin fin de aromas. Los terciarios nos dan la bienvenida; café torrefactado, cacao, toffee, notas de bizcocho borracho, ligeros balsámicos, cedro, clavo, vainilla y otras especias inundan la copa sobre un fondo cremoso de mermelada de moras negras, arándanos y grosellas.

En boca nos encontramos un vino de gran estructura, notable carga frutal y una tanicidad amable que poco a poco irá puliendo su paso por botella. Destacan las sensaciones de confituras de frutas negras, cacao, ahumados, finos tostados, hoja de tabaco, minerales y ligeras notas licorosas (ideal para los amantes de los grandes rones y whiskys). Sin duda un gran vino que mejorará muchísimo en botella (24 horas después de abierto mantiene gran parte de sus características intactas).